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El blanco también es un color

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Érase una vez un pequeño reno llamado Rudolph que vivía muy lejos, junto con muchos otros renos, en un lugar cercano al Polo Norte.
Rudolph era un reno un poco tímido y no tenía ningún amigo. El problema era que tenía una nariz muy, muy roja, mientras los demás renos tenían nariz marrón.
La nariz de Rudolph era tan roja y brillante que alumbraba en la oscuridad, como una luz. Los otros renos solían reírse de Rudolph y se negaban a dejarle jugar con ellos debido a su nariz de color rojo brillante. https://we.tl/t-i59GQgFTtz
Así que Rudolph siempre se sentía muy solo. Solía esconderse, deseando que pudiera tener un amigo para jugar y que podría serle de ayuda a alguien.
Cuando se acercaba la Navidad, Santa Claus solía venir al lugar donde vivía Rudolph , para elegir algunos renos para tirar de su trineo. El más fuerte era elegido como el líder general.
Una noche, justo antes de Navidad, Santa Claus empezó a elegir los renos. Fue una noche muy nublada y no se podía casi ver nada. Mirando a través de la niebla, Santa gritó:
– Quiero a los renos Dasher, Dancer, Prancer, Vixen, Cometa, Cupido, Donder y Blitzen. Ellos pueden tirar de mi trineo esta noche mientras entregan los regalos de Navidad a los niños y niñas de todo el mundo.
Los ocho renos dieron un paso adelante con mucho orgullo y empezaron a prepararse para el viaje. Pero, de repente Santa, mientras se ocupada de cargar de regalos a su trineo, dijo:
– ¡Esperen un minuto! Esta niebla es tan espesa que tendremos que llevar una lámpara. Pero, ¿cómo puedo atar una lámpara en el primer reno?
En ese momento, Santa vio a Rudolph , que estaba de pie por sí mismo detrás de un árbol. En realidad, él se fijo en la nariz roja de Rudolph, la cual estaba brillando intensamente. Y dijo:
– Ven aquí, Rudolph. Tu puedes guiar mi trineo esta noche. No nos perderemos en la niebla si vas primero para mostrarnos el camino.
– ¡Qué buena idea!, – gritaron todos los renos – Ven y prepárate, Rudolph.
Tan pronto como todo estaba preparado, Santa partió para entregar sus regalos. Frente a los ocho renos que tiraban del trineo iba Rudolph, con su brillante nariz roja, alumbrando en la niebla.
Después de eso, nadie se rió de él otra vez, porque él había ayudado a Santa Claus en una situación muy difícil. Todo el mundo quería jugar con él y ser su amigo, por lo que Rudolph nunca estuvo solo otra vez.

FIN